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Revistas teosóficas

Las creencias minoritarias cumplen un papel significativo en el desarrollo de los procesos culturales porque suelen enriquecerlos con influencias diversas, incorporando algunos de sus elementos en la representación de sus circunstancias históricas. Por este motivo, la suma de contenidos de orígenes distintos envuelve una tendencia general que pocas veces se examina con el detenimiento preciso para comprender sus alcances de fondo.

La teosofía es una doctrina que desde las primeras décadas del siglo XX halló un terreno fértil para florecer entre algunos sectores ilustrados de la península de Yucatán, innovando prácticas sociales y lazos de convivencia civil, tal como puede apreciarse en los registros impresos que dan noticia de ello. La Sociedad Teosófica, que fundó Helena Blavatsky en 1875, se extendió a muchas partes del mundo hasta llegar a Mérida, en donde surgió su primera logia en 1914, dependiente de la sección cubana de dicho organismo internacional. La teosofía postula una síntesis de elementos religiosos, filosóficos y científicos basando una de sus principales fuentes en las tradiciones orientales.

Antes de crearse la primera asociación teosófica en Yucatán, que recibió el nombre de Mayab, llegaban al estado algunas publicaciones periódicas que propagaron estas creencias; si bien se editaron fuera del país, algunas de ellas estaban escritas en castellano precisamente para incidir de forma más directa en sus lectores y allegar nuevos prosélitos a su causa. Éste fue el caso de El Sendero Teosófico, revista mensual internacional con sede en Point Loma, California, que tuvo como directora a Katherine Tingley; su tomo V abarca los meses de julio-diciembre de 1913, y aceptaba suscripciones de Cuba, México, Puerto Rico y otros países del continente.

Los propósitos formativos de la revista se hicieron visibles en artículos y ensayos, narraciones y reseñas históricas alternados con notas alusivas a las actividades de las organizaciones teosóficas. Por ejemplo, abordó temas como los conceptos de justicia desde las perspectivas de Oriente y Occidente, en relación con nociones éticas como la misericordia y la retribución; las creencias en torno al karma formuladas en aforismos, la solidaridad, el problema de la guerra, las funciones cerebrales, el amor al arte y el desarrollo de cualidades personales en distintas etapas de la historia.

También incluyó escritos que tendían a justificar una interpretación racista del devenir humano, como uno que, partiendo de la recomendación de leer las obras de la principal fundadora de la Sociedad Teosófica, argumentaba lo siguiente: “Si los científicos se dignasen estudiar La doctrina secreta, hallarían la clave para muchos problemas que parecen inexplicables. Podrían ver, por ejemplo, que durante el periodo que la ciencia llama el siglo de bronce existían en otras regiones del globo naciones poderosas y altamente civilizadas; exactamente como hoy existen los degenerados descendientes de civilizaciones antiguamente grandes, cuyos representantes pueden verse en los hotentotes del África del Sur o los aborígenes de Australia. La civilización y el salvajismo han sido siempre contemporáneos como lo son hoy día”. No obstante, cabe considerar el alegato que, fuera de su época, atribuye esta interpretación y otras de su clase a traducciones erróneas de las palabras originales de Blavatsky.

Algunos números de la revista incluyeron relatos tradicionales de varios pueblos, como alguna leyenda sueca o maorí o un cuento galés; con ello, a la vez que llamaban la atención sobre la diversidad de experiencias que pueden apreciarse a lo largo del mundo, consideraron su valor apreciando el hecho de transmitir una enseñanza moral, a pesar de la escasa familiaridad que pudiera mostrar el origen exótico de sus pasajes.

El Sendero Teosófico trajo consigo numerosos grabados y fotografías, de gran belleza y nitidez, así como información etnológica e histórica de países como Bolivia, Perú y España. Destaca una bien documentada semblanza del educador cubano José de la Luz Caballero. En lo que toca a su sección de publicidad, anunciaba productos de Argentina, Chile, Cuba y Estados Unidos de América.

En la década de los veinte comenzaron a imprimirse publicaciones periódicas locales de contenido teosófico, como Gyan y Teosofía en Yucatán, que sus adeptos fundaron para estimular la recepción de sus conceptos esotéricos e incluso para sugerir hipotéticos vínculos milenarios entre las tradiciones autóctonas y las civilizaciones foráneas.

El Heraldo. Órgano de la Orden de la Estrella de Oriente en la Península de Yucatán. 1915, s.n.p.

El Sendero Teosófico. Revista Internacional Ilustrada. Katherine Tingley, directora-administradora. Tomo V, julio-diciembre de 1913. Point Loma, California, EUA.

Gyan. Revista Teosófica Mensual. Órgano de la Logia Zamná. Mérida, año II, septiembre de 1921, núm. 18.

Gyan. Boletín Bimestral de Cultura Espiritual. Mérida, tercera época, año I, núm. 1, julio de 1925.

Hansen, Asael y Juan R. Bastarrachea M. Mérida. Su transformación de capital colonial a naciente metrópoli en 1935. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1984, pp. 257-258.

Teosofía en Yucatán. Órgano del Grupo de Trabajo de las Logias Teosóficas en Yucatán. Mérida, año I, vol. 1, correspondiente a los años 1925-1926-1927.

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