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¿Fue el barrio de Santa Lucía asiento de africanos en Mérida?

Una de las ideas generalizadas en la historia del Yucatán colonial, y de la capital en específico, es que el barrio de Santa Lucía fue, durante el siglo XVI e inicios del XVII, sitio de asiento de los africanos y afrodescendientes esclavos y libres. El generador de tal “noticia” fue el historiador Jorge Rubio Mañé, a mediados del siglo XX.

Sobre ese sitio, en 1579 se indicaba que en “la parte del norte, fuera de la ciudad, está fundada [la] ermita de Santa Lucía, que fundó a su costa un vecino conquistador que se llama Pedro García”, en 1575. Fue construida con licencia del prelado y del gobernador, en su construcción se ayudó de limosnas, pero no hay nada acerca de los fieles que acudían.

La vez primera que se menciona al pueblo de indígenas de Santa Lucía fue en 1577, cuando se casaron dos personas señaladas como mayas de ese asiento. A partir de esa fecha será común encontrar en la documentación de matrimonios a contrayentes nativos provenientes de ese pueblo, pero ninguno señalado como negro o alguna de sus castas, al menos hasta fines del siglo XVII.

En la revisión que hice de la documentación trabajada por Rubio Mañé, no hay dato alguno que indique que Santa Lucía fuese un barrio para “negros”, esclavos o libres. Para reforzar la idea de su ausencia en ese espacio, en carta del gobernador de Yucatán Guillén de las Casas al rey, fechada para 1582, se señala que Santa Lucía “al presente se va poblando de indios naboríos”, e incluso el 6 de junio de ese año en esa iglesia contrae matrimonio el Sr. De las Casas.

Si nos preguntamos entonces dónde vivían los africanos y afrodescendientes en ese entonces en Mérida, la respuesta es que lo hacían en la parte trasera de las casas de sus amos y patrones. Así lo deja entender en 1593 Juan de Montejo, nieto del conquistador de Yucatán Francisco de Montejo, quien decía habitar en una buena casa, y sostener en el terreno, además, de armas, a caballos, criados y esclavos.

El primer sitio de administración y de religiosidad de los africanos y sus castas fue una capilla en el interior de la catedral, la cual se reporta desde el siglo XVI y que el cronista franciscano Cárdenas Valencia subraya en 1639. Ahí estuvieron hasta que el 15 de enero de 1686 se abrió una iglesia exprofeso para ellos en la actual calle 59 entre 64 y 66, denominada del Santo Nombre de Jesús, hoy en día inexistente. El primer enlace en esa sede fue entre Matheo Velázquez, afrodescendiente pardo, natural de Mérida y María Vivas, también oriunda de esta ciudad, aunque sin mención si era también afro.

El grupo social estuvo en ese espacio hasta 1774 cuando fueron cambiados a la ex iglesia jesuita abandonada al salir la Compañía de Jesús de la ciudad; esa sería la nueva sede para su parroquia hasta su desaparición en 1822.

Como se ha visto, los africanos nunca tuvieron a la ermita de Santa Lucía como sede de su parroquia y tampoco el barrio fue su lugar de destino durante la vida colonial, aunque a fines del siglo XVII alguno que otro empezó a asentarse en el lugar.

Fuente: J. Victoria Ojeda, “Africanos y afrodescendientes en la Mérida de Yucatán, México. Dos apuntamientos (siglos XVI al XIX)”, Revista Fronteras de la Historia, vol. 19, núm. 2, julio-diciembre, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Bogotá.

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