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Fabulistas yucatecos

La fábula, remozada en sus formas tradicionales, mantiene poder de atracción a través del tiempo. Muchos autores han recurrido a ella para transmitir conceptos que otros discursos literarios acogen con menor eficacia; sus convenciones han traspasado fronteras hasta instalarse felizmente en la aceptación de un público que fue creciendo junto con sus partidarios en el cultivo de las letras.

La tradición que la sostiene se remonta a la antigüedad clásica y ha sido reinterpretada y asimilada en versiones modernas que a veces se apartan de los modelos recurrentes, con lo que pueden llegar a sugerir evocaciones más que continuidades estrictas de rasgos canónicos, pero casi siempre conservan elementos de referencia que admiten su mezcla con otras formas de expresión escrita, sin ser ajena tampoco a los valores que la oralidad le confiere.

En nuestro país muchos escritores incursionaron en sus vetas, desde los que Benigno Espinosa Calderón clasifica en torno a lo que denomina “la fábula insurgente mexicana”, la cual incluye ejemplos tan apreciables como los del bachiller José Ignacio Basurto y el doctor Ignacio Fernández de Córdova, a más del imprescindible Fernández de Lizardi. Ya avanzado el siglo XIX, José Rosas Moreno y José Tomás de Cuéllar se añadirán a esta lista, y en la centuria siguiente Augusto Monterroso representa una presencia emblemática. Pedro Ángel Palou se inspira en las fábulas para reunir una colección de relatos satíricos en su libro Amores enormes, que incluye las peripecias de un búfalo yucateco con una cabeza doblemente grande: la propia de su especie y la del estereotipo atribuido a los moradores de este suelo peninsular. Como predecesores suyos, algo de Torri y de Arreola circunda también esta atmósfera.

En Yucatán, como en otras entidades federativas, la fábula movió la pluma de varios letrados. Wenceslao Alpuche (1804-1841) desarrolló parte de su carrera literaria fuera de aquí y fue creador de una fábula en que leones, elefantes y tigres compiten por el dominio de su comunidad selvática haciendo recordar las disputas por el poder que sofocan los ámbitos humanos. Quien logró una producción abundante dentro de esta clase de textos fue el dramaturgo costumbrista José García Montero. Muestras de ella aparecieron en el periódico Biblioteca de Señoritas en 1868 con un comentario de Crescencio Carrillo y Ancona. Su apego a los esquemas tradicionales con énfasis en la enseñanza moral lo volcó a la forma versificada, enfocándose en los seres de la naturaleza. Cinco años antes había publicado algunas en El Repertorio Pintoresco, del que era redactor el mismo Carrillo. José Vidal Castillo reunió tres decenas de fábulas de García Montero de un conjunto de setenta y tres que forman su colección completa, publicándolas junto con poemas de ese autor en un impreso que apareció en 1875. En 1900, Cecilio Leal editó en su imprenta otra selección de fábulas del mismo autor.

En otros periódicos yucatecos decimonónicos, como La Sombra de Cepeda de 1887, pueden leerse apólogos como uno de Pablo Peniche, poeta romántico y melancólico que en sus primeros versos dice:

“Pobre flor que mueres sola
/bajo el fuego
/abrasador
/del estío que te inmola,
/flor sin riego,
/tu corola
/se está marchitando al Sol.

//Burla el rigor del estío
/que te agota
/sin piedad
/y acepta, dulce bien mío,
/esta gota de rocío
/que tu sed mitigará.”

Apólogo

Al final, la flor es mancillada por un insecto inmundo.

Otros medios de prensa reproducían fábulas de autores extranjeros, como las de Campoamor que publicó El Demócrata de Espita en 1888, o bien aparecían otras de carácter anónimo, como la que incorporó a sus páginas El Fígaro en 1898:

“Aquí yace un jabalí
/a manos de una beldad.
/¡Muriera de vanidad
/si otra vez volviera en sí!
/Cazador que por aquí
/en busca de fieras vas
/vuelve los pasos atrás:
/ninguna hallarás con vida,
/que ésta murió de la herida
/y de envidia las demás.”

También Ricardo Mimenza Castillo incursionó en el género, como lo hizo al versificar “Cigarras y hormigas”, que publicó El Eufrono en 1909. El profesor Santiago Méndez Gil dio a las prensas en 1937 un libreto de teatro escolar basado en la adaptación de una fábula del escritor salvadoreño León Sigüenza con el nombre de El tigre y el canario. El campechano Nazario Víctor Montejo igualmente escribió fábulas como las que figuran en la revista Ah Kin Pech de 1939 y en algunos libros suyos. En la actualidad, jóvenes escritores como Bryan Ulises Aguilar Ortiz realizan en prosa obras de este tipo, mediante un estilo que revitaliza esta forma de expresión escrita con la posibilidad de captar el interés de nuevos públicos si éstos llegan a reconocer sus valores filológicos, representativos de una matriz cultural que sería oportuno conocer a fondo.

El Fígaro. Semanario Festivo. Mérida, año I, núm. 2, p. 7.

Carrillo y Ancona, Crescencio. “Bibliografía. Colección de fábulas por D. José García Montero”, en: Biblioteca de Señoritas. Lecturas del Hogar. Mérida, primera serie, entrega 12, 5 de diciembre de 1868, pp. 94-95.

Campoamor, Ramón de. “El perro y la rana”, en: El Demócrata. Periódico Quincenario. Órgano de los Intereses de Oriente. Espita de Peniche Gutiérrez, año I, núm. 11, 25 de febrero de 1888, p. 3. Sección Literatura, p. 3.

Espinosa Calderón, Benigno. “La fábula insurgente mexicana”, en: Sábado, suplemento de Unomásuno. México, núm. 655, 21 de abril de 1990, pp. 1-3.

García Montero, José. “Apólogo. La mariposa vana”, en: El Repertorio Pintoresco. Miscelánea Instructiva y Amena, Consagrada a la Religión, la Filosofía, la Industria y las Bellas Letras. Mérida, 1863. Editor José D. Espinosa y Rendón, pp. 272-273.

García Montero, José. “Fábula. La cigarra y el ruiseñor”, en: El Repertorio Pintoresco. Miscelánea Instructiva y Amena, Consagrada a la Religión, la Filosofía, la Industria y las Bellas Letras. Mérida, 1863, pp. 444.

García Montero, José. Fábulas. Mérida, Imprenta Nueva de Cecilio Leal, 1900.

Peniche, P. [Pablo]. “Apólogo”, en: La Sombra de Cepeda. Semanario de Literatura, Política y Variedades. Mérida, año III, núm. 36, 2 de abril de 1887, Sección Literatura, p. 3.

“Libro reúne nueve fábulas científicas vegetales. Nueva edición refleja idiosincrasia del sureste a través de cuentos”, en La Jornada Maya. Mérida, 29 de agosto de 2017.

Méndez Gil, Santiago. El tigre y el canario. Señalando lo que es la vida. Mérida, 1937, 3 pp.

Mimenza Castillo, Ricardo. “Cigarras y hormigas”, en: El Eufrono. Periódico Quincenal de Literatura y Variedades. Mérida, 1 de enero de 1909, año I, núm. 2, p. 7.

Montejo Godoy, Nazario Víctor. Fábulas científicas vegetales. Campeche, Gobierno del Estado, 1958.

Palou, Pedro Ángel. Amores enormes. Guanajuato, Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, Ediciones La Rana, 2001. Colección Nuestra Cultura.

Poesías y fábulas de don José García Montero, escogidas y publicadas por José Vidal Castillo. Mérida, Tipografía a cargo de M. Pastrana Lanz, 1875.

Ramos Díaz, Martín. La diáspora de los letrados. Educadores, poetas y clérigos en la frontera caribe de México. Chetumal, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología-Universidad de Quintana Roo, 1997, pp. 67-69. Colección Sociedad y Cultura en la Vida de Quintana Roo, núm. 1.

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