Es larga la lista de los poetas yucatecos cuyo recuerdo merece honrarse con solícita atención, calibrando el peso de las circunstancias históricas que los envolvieron para discernir los rasgos de su producción estética con sus respectivas variaciones cualitativas, aspecto que favorece la perdurabilidad de unos textos en preferencia de otros.
Humberto Esquivel Medina (1893-1984) nació en Ticul, Yucatán; en su juventud recorrió varias capitales europeas en las que convivió con artistas de renombre y conoció de cerca las inquietudes que rondaron a los cultores de las vanguardias literarias. Desde temprana edad se dio a conocer como poeta, ganándose la estimación de sus contemporáneos y, al igual que varios de ellos, como José María Covián Zavala, Santiago Burgos Brito y José Esquivel Pren, optó por el ejercicio profesional de la ciencia jurídica.
Su biografía política registra que fue gobernador interino de Yucatán a partir del 21 de septiembre de 1951, mediando entre los periodos de José González Beytia y Tomás Marentes Miranda. Trabajó en el servicio público desempeñando diversos cargos en el Poder Judicial de la Federación. Su vocación literaria lo hace especialmente memorable ya que en su obra pueden hallarse elocuentes ejemplos de la calidad de su pluma; en este sentido se pronuncia Santiago Burgos Brito, quien se refirió a él en los siguientes términos: “…poeta lírico de soberbia inspiración, que ha dado a la escena obras primorosamente escritas, reveladoras de su inevitable lirismo”.
Publicó dos poemarios. El primero lo tituló Copa de amor (1913) y en él reúne versos de juventud. En 1960 dio a las prensas La fuente de gracia, en el que, según Esquivel Pren, reúne muestras de su obra de 47 años atrás. El libro contiene piezas de gran belleza que expresa una sutil percepción de la existencia humana.
Puede considerarse probable que fuera de estos dos volúmenes hayan quedado poemas que únicamente podrían recuperarse en las páginas de publicaciones periódicas que en su momento los acogieron, en caso de que el propio autor no los hubiese tenido a mano para acopiarlos en aquellos. Como suele ocurrir en estos casos, la dispersión y la antigüedad de los medios de prensa de otras épocas son factores que complican la tarea de traer de nuevo a la luz textos de ese tipo; otros impresos reprodujeron algunos tomados de sus libros. Así, la revista Alba Gema, dirigida por Santiago Méndez Gil, publicó en 1915 este soneto que Esquivel incluyó en Copa de amor:
¡Cómo arden los papeles sobre el suelo /retorciéndose en íntimo quebranto! /las cenizas cual gotas de su llanto /se desprenden con hondo desconsuelo. //Quizás fragmentos de ignorado anhelo /que escribió la nostalgia de su canto, /o que guarden, tal vez, el dulce encanto, /de alguna novia que traspuso el cielo. //Vuelve ya la materia al infinito: /la vida es un gran libro cuyas hojas /con indelebles tintas se han escrito; //Y ¿qué es la negra muerte tan temida /sino el incendio lleno de congojas /de las hojas del libro de la vida?
(“Fin”)
En La fuente de gracia puede observarse la concurrencia de varios recursos retóricos, giros expresivos y contenidos temáticos que dieron vitalidad al modernismo, como el cultivo de la forma elegante, la suma cromática sugerido en sus vocablos y la evocación de la antigüedad clásica, así como la refinada voluptuosidad que engalana sus versos, como se advierte en la estrofa que dice:
Tú eres, Primavera amada, /la que en su busto divino /modelaste firme copa /que yergue bajo su ropa /una cápsula de vino /en los senos engarzada. /Tú eres, Primavera amada, /la que encendiste sus venas /con estrellas pasionales /trocando en bienes sus males… /y en amoríos sus penas… /tú eres, Primavera amada.
(“Canto a la Primavera”)
De igual modo hay poemas que revitalizan la tradición autóctona con sugerente fuerza de expresión, dejando de lado enunciados manidos y lugares comunes:
Era una novia prohibida, /era una novia insensata; /era a mi paso furtivo /como piedra de albarrada: /vestal de templo sagrado, /de un templo de amores maya; /era la tabú doliente /a los dioses consagrada… //Un día la vi, de lejos, /pasar desnuda y dorada /hacia el oscuro cenote /cuya bóveda la guarda. //Alzó sus ojos al cielo, /rezó una breve plegaria /y las espumas saltaron /en azahares de plata!
(“Nicte-Há”)
La lectura de los versos de Humberto Esquivel Medina llama a vivir la amistad con un hombre que supo dialogar generosamente con su conciencia, destilando en su palabra la persuasión que susurra la gloria de un infinito intuido en la poesía.
Por José Juan Cervera
Burgos Brito, Santiago. “Apuntes histórico-críticos de literatura yucateca”, en Cervantes. Revista Mensual Iberoamericana. Mérida, 1919, p. 149.
Esquivel Medina, Humberto. “Copa de amor”, en: Artes y Letras. Órgano de la Sociedad Artístico-Literario Lord Byron. Mérida, época III, núm. 5, febrero de 1913, pp. 13-15.
Esquivel Medina, Humberto. “Fin”, en: Alba Gema. Edición Extraordinaria. Edición de Año Nuevo. Mérida, 11 de enero de 1915, p. 10.
Esquivel Medina, Humberto. La fuente de gracia. Mérida, Talleres Gráficos y Editorial Zamná, 1960, 133 pp.
Esquivel Pren, José. Historia de la literatura en Yucatán. Tomo XV. Mérida, Universidad de Yucatán, 1981, pp. 311-312.
