Al hablar de piratas en la península de Yucatán la historia remite siempre al puerto de Campeche, saqueado en varias ocasiones. Sin embargo, la capital de la provincia, Mérida, a pesar de no haber sufrido ninguna intrusión de esos enemigos, también contó con una estrategia defensiva en caso de que los piratas pretendiesen tomarla. La prevención cubrió una amplia zona aledaña a la capital, y se puede dividir en tres fases.
Primera fase — La costa. Desde 1561 el soberano español Felipe II ordenó a sus virreyes y gobernadores establecer centinelas y atalayas para la protección de los puertos principales de las Indias. De los años 1565 a 1571, durante el gobierno de Luís de Céspedes, en Yucatán se levantaron atalayas para vigilancia de la costa cercana a Mérida. La medida se tomó por los temores que causaban el merodeo de naves francesas por las aguas del Golfo de México y del Caribe, y que en algún momento pudiesen arribar a Yucatán. Desde esos tempranos años de la colonia el cabildo de la capital presentó su temor de que ésos pudiesen también tomar Mérida, así como otros poblados de la provincia y fortalecerse en esta región. Ese tipo de construcciones de material perecedero permaneció durante toda la vida colonial en la región.
Segunda fase — Entre la costa y la ciudad. Desde 1663, debido a la toma de Jamaica por los ingleses, las autoridades pensaron levantar un sistema de protección en los caminos, materializándose esa idea en una serie de trincheras. Esa medida debió de mejorarse y ampliarse con el tiempo dado que para mediados del siglo XVIII se reportan, al menos, 17 grupos de trincheras en los caminos que conducían a Mérida por los costados del noreste, norte y noroeste, señalados en el plano de 1722.
Tercera fase — La ciudad de Mérida. A raíz de los miedos ante la presencia enemiga en aguas circunpeninsulares, en la segunda mitad del siglo XVII el gobernador Rodrigo Flores de Aldana revivió por orden real el proyecto de realizar una obra defensiva en la capital. La preocupación de las autoridades metropolitanas y provinciales se basó en que durante los años anteriores se habían experimentado temores por la probable invasión de piratas, y por la eventual rebelión de los indígenas. El resultado fue la erección de la Ciudadela de San Benito, con seis baluartes y lienzos de muralla, que comenzó a fabricarse en 1667, concluyéndose en 1669.
En conjunto, las vigías de la costa, las trincheras de los accesos a la capital, y en ésta la Ciudadela de San Benito pueden considerarse la defensa arquitectónica con la que se protegió a Mérida ante un probable desembarco de enemigos que la pretendiesen tomar. Todas las obras coexistieron por más de un siglo.
Aunado a lo anterior, en 1685 las autoridades de Mérida pidieron al rey construir una muralla para proteger a la ciudad, asunto que no se resolvió, y en 1690 el gobernador reportaba que se excavaban subterráneos para que se abrigue la población en caso de invasión de piratas. Sin duda que el miedo a esos facinerosos no solo fue en las ciudades costeras.
Por Jorge Victoria Ojeda
Fuente: J. Victoria Ojeda, Mérida de Yucatán de las Indias. Piratería y estrategia defensiva, H. Ayuntamiento, 1995, Mérida.
