¿Qué es el cenote Sambulá?
En una de sus obras, el escritor Eulogio Palma y Palma hizo referencia al cenote Sambulá, ubicado en la traza urbana de Motul, ciudad a unos 40 kilómetros al noreste de Mérida. En realidad se trata de una cueva con un hermoso cuerpo de agua en su interior.
Los aluxes: guardianes del agua
Según la tradición oral recogida por Palma y Palma, en esta caverna habitaban los aluxes, seres míticos que fungían como guardianes del cenote. La gente bajaba con mucho respeto, pues de lo contrario las aguas podían atrapar al transgresor y arrastrarlo a las profundidades. Si la infracción era más grave, el líquido se levantaba como una tromba que salía de la boca del cenote.
Maravillas geológicas en su interior
Palma describe esta cavidad como una de las creaciones geológicas más interesantes de la región. Entre sus elementos más llamativos destacan:
- La campana: una roca saliente del techo que, al ser golpeada con otra piedra, produce un sonido similar al de una campana real.
- La tambora: una oquedad donde el agua choca y genera un sonido parecido al instrumento.
- La iluminación natural: un pozo en el centro del cenote deja caer luz directamente sobre las aguas profundas.

Historias y leyendas del cenote
Felipe Carrillo Puerto eligió este lugar para reunirse en secreto con sus colaboradores y planear estrategias políticas.
En 1997, el señor Carlos Pinto relató que hace mucho tiempo, cerca del cenote vivía una familia con una hija pequeña. Un día la niña desapareció; los padres descubrieron la cueva y pensaron que pudo haberse perdido allí. Desde entonces se dice que el cenote tiene dueño: el espíritu de esa niña. Esto explicaría, según la tradición, por qué todos los que se han ahogado allí han sido hombres y ninguna mujer.
Visita el cenote Sambulá
Gracias a sus cristalinas aguas, el cenote Sambulá es hoy un destino visitado por locales, turistas nacionales e internacionales.
- Ubicación: Calle 41 entre 24 y 26, Motul, Yucatán
- Exploración espeleológica: 16 de diciembre de 2016 — Grupo Espeleológico Ajau

Por Carlos Augusto Evia Cervantes
